“Ahorro”, una palabra que todos conocemos, que sabemos que es importante, que nos cuesta mucho y evadimos a toda costa. Esta cultura del compro y luego existo pareciera una no tan adecuada tradición, y cuando nos agarran con los dedos de la mano en la puerta, recordamos las palabras mágicas – ¡Hubiera ahorrado! pero como el hubiera no existe, apechugamos y enfrentamos constantemente este tipo de baches que tiene la vida. – Por María José Doblado.

Es tiempo de comenzar a llenar el cochinito

Si analizamos detenidamente, vivimos constantemente como en un electrocardiograma: ahorro – gasto -ahorro – emergencia… y así nos vamos por la vida pensando en el “a mí no me va a pasar”, pero no se necesita una bola de cristal para darnos cuenta de la realidad a la que vamos a llegar y que estamos evadiendo porque siempre la libramos, como el torero: ¡Ole, ole! hasta que lo pinchan.

Así es, a sabiendas de dos cosas que son inevitables, llegará la universidad de nuestros hijos si somos padres o el retiro. Hoy en día, quienes deciden ser padres han aplazado tanto este sueño, que dejan de ver que a sus 60-65 años, habrá dos eventos importantes de vida que se empalmaran: el pago de la universidad (si se elige una privada o si no hubiera cupo en una pública) y el retiro.

¿A cuál darías prioridad? Quienes decidan no tener hijos, estarán a su suerte cuando lleguen a su vejez. Ahora pregúntate: ¿El ahorro es importante?

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